30 de marzo
Dios ya no sabe a almendra amarga
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De manera que usted es el jefe de la policía justo cuando un grupo terrorista le deja la calle llena de muertos y, por una piedad colectiva mal entendida, nadie le pide explicaciones, o le solicita saber dónde se encontraba usted el día de autos, y el día de antes del día de autos, y, además, le toca, porque usted es un tipo con suerte, no como los 191 muertos que viajaban en los trenes ese día, le toca un retiro dorado y de oro, su propio peso en oro, allí, en el parlamento europeo donde sólo trabajan las empresas de transportes, y aburrido de tanto aburrirse, usted se va a una emisora de radio, la emisora de radio, esa emisora de radio, no otra emisora de radio, y le cuenta a él, siempre a él, sólo a él, que existe un informe, que alguien le ha dicho que existe un informe, que alguien le ha contado que alguien ha dicho que existe un informe donde se cuenta que Eta estaba en el lío del 11M, o eso parece que decía que dijo el informe, y esa emisora de radio y ese periódico, sólo ellos, siempre ellos, dicen amén y que ya ven lo que dice usted, el jefe de la policía cuando el 11M, pobre hombre, tan tierno usted, que Eta fue, está claro, muy claro está, y el jefe de la policía lo dice y va a misa, sólo a misa, porque cuando le dice el juez que además de en misa lo repita please delante de él, el juez, usted dice que otro día, que en misa sí pero que en justicia no, que no se acuerda ni quiere acordarse, y que quien le contó la trola puede que exista o puede que no y algunas cosas más que le esperan con la risa floja en el partido, hasta mil euros de multa, en el partido, y un posible delito grave de cachondeo con la justicia, en el partido, usted, antiguo jefe de la policía, justo cuando la justicia quiere saber la verdad de los 191 muertos que usted se encontró una mañana mientras se peinaba la barba de Judas que le dejaron en el partido, sólo en el partido, en ese partido, siempre ese mismo partido, y que usted nunca quiso contarlos a los 191 de uno a uno, viendo sus caras y acariciando sus pieles, so cabrón, añorando sus vidas, so mamón.
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